Usted preguntará por qué cantamos, escribimos y actuamos.
Si cada hora viene con su muerta
Si el tiempo es una cueva de asesinos
Si el aire está cargado de violencia
Si la vida viene escrita en masculino
Usted preguntará por qué cantamos
Si nuestros deseos quedan sin abrazos
Si la tierra se nos muere de tristeza
Si las leyes no protegen nuestra vida
Y la justicia se convierte en negligencia
Usted preguntará por qué escribimos
Si está tan lejos el futuro que soñamos
Y tan cerca el dolor que soportamos
Si la soledad es el precio que pagamos
Por defender con dignidad lo que pensamos
Usted preguntará por qué actuamos
Si cada noche es siempre alguna ausencia
Y cada despertar un desencuentro
Si la rabia y el dolor de cada día
No encuentra ni el consuelo ni el aliento
Y usted preguntará por qué cantamos, escribimos y actuamos
Cantamos porque el grito no es bastante
Actuamos porque no es bastante el llanto y la bronca
Escribimos porque creemos en la gente
Y porque juntas venceremos la derrota
Cantamos, escribimos y actuamos porque somos militantes de la vida
Cantamos porque no podemos ni queremos
Dejar que la canción se haga ceniza
Escribimos porque no podemos ni queremos
Dejar que la palabra se haga silencio
Actuamos porque no podemos ni queremos
Dejar que nuestros sueños se hagan pesadillas
Actuamos, cantamos y escribimos porque somos militantes de la vida
(plataforma de mujeres artistas contra la violencia de género. Sobre un texto de Mario Benedetti)
Sometidos al ruido de la confusión que el Pp utiliza como estrategia política, que ya tuvimos ocasión de sufrir cuando los atentados del 11M (la confusión de la mentira, primero, la de la conspiración, después), de la que resulta una perfecta escenificación la (triste, para la Historia de España) última cena política valenciana, hemos oído mucho alboroto, mucho odio y poca verdad y, desde luego, pocos valores democráticos. Nada a favor del interés común de las y los españoles, tan necesario en momentos como los actuales, donde sería muy bien recibido que los actos del Pp (ya que no lo hacen en el Parlamento) sirvieran para poner de manifiesto su alternativa política. Nada de eso: todo va mal y todos los demás somos culpables, se anuncia a voces.
Lo que no anuncia a voz en grito, pero sí está implícito en todas sus manifestaciones públicas y parlamentarias, que no en sus propuestas explícitas, que no existen, es que el Pp está del lado de quienes han creado la crisis económica mundial que padecemos. De quienes, como la CEOE proponen una bajada salarial generalizada del 1%, acabar con conquistas históricas de los trabajadores que nos devolverían al siglo XIX, una bajada de impuestos, una retirada del gasto público que, entre otras muchas cosas, está sosteniendo el Plan E, el subsidio de desempleo y todas las políticas sociales puestas en marcha para apoyo de jóvenes y familias en estos malos tiempos, en el contexto de una crisis internacional. Un Pp que, así, se desvincula de todos los países del G20, que la semana pasada apostaron por seguir manteniendo las ayudas e inversiones públicas (la deuda de los 10 países más ricos del mundo se situó en torno al 80% de su PIB, más del doble de la que a finales de 2008 soportaba España). De ahí su negativa a mantener espacios de acuerdo con el Gobierno. Por un lado nos dice Rajoy en ese modelo de Mitin del Integrismo, que hay que ocuparse de lo que interesa a la gente y, por otro, se niega a alcanzar acuerdo alguno con el gobierno y de lo único que trata es de tapar sus vergüenzas.
Todas las economías de nuestro entorno han descartado la simpleza económica de Rajoy: No se saldrá de la crisis bajando los impuestos y reduciendo el gasto público. Precisamente estos países (los miembros del G 20) han reconocido que la crisis económica de los años 30 se alargó más en el tiempo, retrasándose su solución y siendo más dura para las y los ciudadanos, por una retirada prematura y drástica del gasto público. En definitiva, seguir encastillado en la ideología NEOCON los pone del lado del problema, no del de la solución
Paul Krugman nos dice que los déficits públicos (generados por el aumento del gasto con fines sociales y de reactivación económica, ahora que los ingresos han disminuido por la recesión) están ayudando a la economía. De hecho, los déficits de EEUU y de otras economías importantes han salvado al mundo de una recesión mucho más profunda. De acuerdo con ello, si se retirara el gasto público para intentar equilibrar el déficit público y eliminar la deuda que ello genera, es fácil, afirma este economista, que hubiéramos vivido una repetición completa de la Gran Depresión. Luego vamos por buen camino.
En la oposición al gobierno, para diluir lo importante y poner sobre la mesa otros asuntos, se ha optado por el ruido. Como nos dice Sebastián Lovezzolo, “Por electoralismo, el Pp contamina el debate político, con ruido, confusión y denuncias arbitrarias”. No se trata de proponer alternativas ni de, moderando la lógica electoral, arrancar consensos y acuerdos. En verdad este ruido tiene un doble objetivo:
- Desplazar el debate real, profundo, de la situación económica, que limitan a eslóganes simplistas que ocultan sus verdaderas propuestas.
- Esconder sus vergüenzas, que les están impidiendo, así, rentabilizar, como esperaban, la crisis económica a su favor. Me refiero a los procesos abiertos por el caso Gürtel, o por las denuncias de escuchas ilegales desde la Comunidad de Madrid a miembros del Pp. ¿olvidamos que los procesos a abiertos parten de denuncias de estos hechos, que son muy graves, del entorno del propio Pp? ¿Qué fue un cargo público de la comunidad de Madrid quien denunció supuestos seguimientos ilegales contra él por orden del propio gobierno de Esperanza Aguirre? ¿Qué el caso Gürtel tiene un primer denunciante llamado José Luis Peñas, ex concejal del Pp en Majadahonda?
Si grave es intentar hurtar al debate público lo que preocupa a la ciudadanía, más grave me parece que Rajoy, junto con la cúpula del Pp haya decidido poner al partido no al servicio de España y del interés común, sino al servicio del apoyo de quienes cuando menos han demostrado una conducta reprobable (las resoluciones judiciales nos dirán, en su momento, si se han probado o no los delitos, muy graves, denunciados contra miembros de este partido y si se ha demostrado o no una posible financiación ilegal de ese partido) . Es decir, con esta actitud el Pp avala estas conductas. Rita Barverá gritó en el último mitin del Pp que la derecha española debe sentirse orgullosa de Camps. ¿de Camps? Os recuerdo que empezó mintiendo, afirmando rotundamente que no le habían regalado trajes (trajes de un precio desproporcionado, no cualquier traje, por supuesto) y que de lo que supuestamente deben sentirse orgullosos es de que sí haya aceptado carísimos trajes de manos de una trama investigada por corrupción.
Lo que la política debe rechazar no es nunca (no puede serlo) motivo de orgullo. Y la mejor manera de defenderse es eliminar del partido los elementos que puedan corroerlo, no denunciar delitos falsos de escuchas por el gobierno (una de las actitudes más graves y peligrosas de las que he sido testigo en estos años de democracia) e intentar minar instituciones fundamentales del Estado. Todos nos debemos someter a la Ley, el Pp también. No es bueno que las estrategias equivocadas terminen vinculando al partido con sus elementos podridos. Rajoy pone en peligro no sólo su credibilidad, sino la de todo su partido y, para ello, no duda en minar la democracia misma. ¿Un personaje así puede sentirse preparado para ser presidente de un país democrático?
Retomo mis palabras para volver al tranvía. Mejor, para referirme a la problemática que el Partido Popular ha creado al respecto, que considero un reflejo más de algo más profundo, importante y trascendente para nuestra ciudad y para la vida de las y los ciudadanos. Lo que enfrenta hoy al Pp y al gobierno municipal no es el tranvía, que por sí mismo es la anécdota, sino el modelo de ciudad, el lugar que Jaén va ocupar en el futuro, sus posibilidades de éxito como ciudad, de desarrollo económico y de calidad de vida para sus habitantes. Por lo tanto es un debate de una gran transcendencia que el Partido Popular elude y solapa con la mentira, el juego sucio y la desinformación.
De nuevo tengo que repetir esas palabras que nuestra Alcaldesa tantas veces ha mencionado: el tranvía no es el tranvía. Por sí mismo no es nada: es una pieza más de un modelo global que ha comenzado a construirse, a pesar del Pp, a pesar del oscurantismo que nos propone como debate, a pesar de los obstáculos que se oponen para impedirlo. En ese modelo de ciudad no sólo van las nuevas variantes que la circunvalan, los nuevos parquins a construir (el disuasorio a la entrada de Jaén por la carretera de Madrid o el del hípico) el adecentamiento y cuidado con mimo, gusto y respeto de nuestro casco histórico, que es nuestra memoria, nuestra pasado, y que al mismo tiempo debe ser uno de los escaparates más importantes de nuestra ciudad y un reclamo turístico del que se pueda beneficiar la capital en su totalidad.; también la propuesta de construir nuestra área metropolitana, tan olvidada y que es tan importante para el desarrollo económico de la ciudad: no podemos olvidar que, como casi todas las capitales andaluzas, Jaén es, fundamentalmente, una ciudad de servicios que alcanza a la totalidad o a gran parte de la provincia, y que puede tener un área de influencia y de importante desarrollo económico en esta área metropolitana. El comercio de Jaén no puede ser ciego. Su subsistencia, desarrollo y mejora también depende de que el área metropolitana se organice y de que Jaén garantice los servicios públicos (también los de transporte) a los ciudadanos y ciudadanas de este ámbito.
Me enorgullezco de pertenecer al partido que ha propuesto estas medidas, que ha pensado en Jaén a largo plazo, que quiere dignificar nuestra ciudad, sacarla de un aislamiento a la que a veces se ha visto abocada por motivos geográficos y otras por motivos ideológicos.
Lo que nos jugamos, pues, es nuestra ciudad. Abandonar el futuro para volver al pasado de aislamiento, olvido y pobreza de Jaén, el abandono de la capitalidad (y la centralidad aglutinadora que ello conlleva) o construir un futuro mejor para todos que nos vuelva a colocar en la historia de Andalucía y España donde nos corresponde, que nos permita mirar a la cara a nuestra provincia y a su historia sin remilgos ni vergüenza. Hay que alzar la voz contra la mentira. Que no nos digan hoy que los jieneneses no seremos capaces de asumir los retos del futuro como todos los demás pueblos de España. Me niego a aceptar esa pantomima de la derecha que quiere imprimir a las ciudadanía de esta ciudad un estatus de incapacidad para asumir la modernidad, esa terrible afirmación según la cual el tranvía no va a funcionar en Jaén pero sí en el resto de las ciudades de España (en muchas de las cuales gobierna la derecha y en ellas parece no ha visto obstáculo alguno para solicitar la implantación del tranvía). No es verdad. Las y los jiennenses somos tan capaces como el resto de la ciudadanía española y andaluza para liderar el futuro de nuestra provincia, de nuestra comunidad y de nuestro país. Debemos volvernos contra los que nos quieren en un rincón de Andalucía ensimismados en un mutismo incomprensible, en una inacción aterradora, de nuevo en el olvido.
Por una vez y para siempre. Esta inversión es, pues, de suma trascendencia, no sólo por su cuantía, ni, siendo esto importantísimo, por los puestos de trabajo que esta construcción acarrea en estos tiempos de crisis, sino, además, porque apuntala nuestro futuro, nuestro mejor futuro, nuestro derecho a ser ciudadanos y ciudadanas de primera, a convivir en la mejor ciudad posible, en la que las oportunidades de desarrollo económico sean una certeza y no una providencial ocurrencia del destino.
En fin, frente al oscurantismo (repito) del partido popular, no puedo dejar de consignar las palabras que Salvador Compan escribiera en su libro “Jaén, La Frontera Insomne”, en relación (y como homenaje) a un ilustre comprovinciano del Renacimiento, Huarte de San Juan:
“Quizá no hay mejor antídoto contra el mal de la soledad de las montañas jiennenses que subirlas a golpes de corazón para mirar desde lo alto el tamaño que tiene la vida cuando se sale de las sombras del rincón. Hay un pico en el macizo de Mágina que lleva el estupendo nombre de Miramundos. Desde él puede verse media Andalucía mientras el lugar de observación se transforma en un altísimo horizonte que comunica con nuevos horizontes. (Es necesario) subir a todos los Miramundos posibles…y te parece que con más (hombres) a la manera del judío baezano, el aislamiento tradicional de Jaén hubiera sido poco menos que un mal chiste de la geografía”.
Nosotras y nosotros nos asomamos hoy a todos estos miramundos posibles, y queremos que Jaén sea nuestro nuevo miramundos desde el que poder acoger, asumir, observar todos los horizontes del mundo.
Yo he conocido un avestruz que, como es sabido, cuando otea el peligro, primero corre y, luego esconde la cabeza bajo tierra. Sí, conozco un avestruz; mejor, conozco muchos, con sus cuerpos parados en mitad de ninguna parte y sus cabecitas ocultas en un agujero hecho en la tierra. Con la que está cayendo no me sorprende, la verdad.
Hace años España sufrió el terrible atentado del 11m, en pleno proceso electoral y la reacción del gobierno de entonces (del Pp, con Aznar a la cabeza) ante tanto dolor, tantos cadáveres, tanta tristeza ni supo ni quiso soportar la presión de las elecciones y optó por salir corriendo, veloz, casi ciego, hacia la elaboración de LA GRAN MENTIRA: había sido ETA.
Dejando ahora aparte (aunque habrá que volver a ello en algún momento, pues resulta un tema crucial de la política española) que ante un atentado terrorista prime sobre la actuación humanitaria, policial y de gobierno los intereses electorales de un partido, a pesar de los muertos (peor aún, usando a los muertos), la tristeza, las familias destrozadas…y siguiendo con el hilo de esta reflexión, una vez que la verdad se impuso el Pp optó por esconder la cabeza bajo tierra y ser inmune a la presión ciudadana, que dio una gran lección democrática como pocos pueblos europeos han hecho castigando la mentira o, mejor, el uso del dolor y la mentira en beneficio propio. Perdió, no lo dudéis, la impostura y el uso (el abuso) indecente del poder.
El Pp de entonces, como el de ahora, optó por la política que no se eleva ni un palmo del suelo, la política con minúscula, la indecente, la mendaz, la que la historia ni puede ni debe olvidar jamás, porque hizo un doble daño a las víctimas que, luego, fueron indecentemente utilizadas para la confrontación bronca ya olvidada en nuestro país, por aquel entonces. Ya se sabe, la política del avestruz.
Hoy asistimos a un capítulo menos terrible, pero igualmente truculento de la política Popular: la lucha por la sucesión mezclada (no por casualidad, creo) con un proceso abierto por corrupción que empieza, parece, a salpicar al partido popular. De nuevo el ombligo de la derecha española salpica a toda la vida política de la nación. Y de nuevo la respuesta es salir corriendo y, en última instancia, esconder la cabeza. Ahora la culpa no es de quienes han tenido que dimitir por verse salpicados en la investigación en curso, o de quienes han pasado por los calabozos y hoy se encuentran imputados. No, los culpables somos los demás, porque se investiga. De nuevo la gran mentira, la TESIS DE LA CONSPIRACIÓN. La culpa es de Garzón, no de la infamia de las actuaciones investigadas. La culpa es del ministro (hoy ex ministro) de Justicia, por irse de caza. La culpa es de los socialistas, que asistimos impávidos pero no muy sorprendidos a esta situación (y comprendan que, sabiendo que la comunidad de Madrid fue tomada por el Pp bajo la peor de la sospecha, con el apoyo del transfuguismo y el juego sucio, algo nos fuese oliendo mal) y la culpa es de la policía y los jueces que investigan. No hay voluntad de reconocer la verdad, luego el Partido Popular no tiene intención de limpiar su propia era. Las cosas claras, lo que se teme es que se sepa lo ocurrido, no lo ocurrido.
Asistimos, pues, a la escenografía de la mala política, la perrillera, la mezquina, de salón (pequeño), casi de andar por casa, eso sí, una casa sucia y desabrida, poco amable y peligrosa. La de la petición desenfrenada de dimisión de un ministro hecha por el ex ministro del Jack 42, la gran vergüenza de España, el del trabajo marrullero, el del reconocimiento falso y vergonzante de los cadáveres, a costa del sufrimiento de las familias; ese que, sin embargo, no osó dimitir ni dar la cara.. O la opción más triste y penosa, la del presidente del partido, Mariano Rajoy, incapaz de sostener los apoyos suficientes a su gestión, en guerra abierta por la sucesión en su partido, opta por hacer un agujero en el suelo y esconder la cabeza (que limpien otros esta vergüenza, debe pensar, que yo no la quiero) Esto implica abandonar sobre todo a su militancia que tiene el derecho de exigir la aclaración de lo ocurrido y, además, implica hacer extender la sospecha no a las personas sino al partido mismo. Su deber le exigiría altura en las decisiones, dar la cara ante los militantes y ante la ciudadanía, pero se ve que tampoco ahora toca. Da la impresión que (parafraseando a Cernuda) no existe entre sus dirigentes ni un destello de luz ni de alto pensamiento.
La verdad suele ser terca y, por lo tanto, la cabeza escondida no la elimina ni la acalla. Los procesos continuarán, porque así debe ser en un Estado de Derecho, bajo el imperio de la Ley Igual para Todos. Y sus resultados serán los que serán, digan los dirigentes del Partido Popular lo que digan.
En fin, como pueden ver, yo conozco un avestruz o, mejor, yo conozco muchos. Ahora mismo todos duermen el sueño del olvido con sus cabecitas metidas en un agujero en el suelo. Sí, las conozco. Y cuando oigo a Mariano Rajoy y a sus compañeros dirigentes del Partido Popular no puedo dejar de acordarme de unas palabras que Bernardo Atxaga recoge en un artículo que incluye en la ya olvidada revista El Europeo, citando a Oteiza, en torno al Avestruz:”Maravilloso…animal…tiene alas y no puede volar, como el hombre”. Que así sea.
Más de veintiséis años y, a pesar de los cambios que han experimentado España y Andalucía, hay quien se resiste a comprender la realidad y continua con una visión antigua, parca y, si me lo permiten, cicatera de las cosas. Oyendo al Partido Popular y a sus voceros sobre la que entienden no necesidad del tranvía en la ciudad Jaén, me viene a la memoria lo que la derecha andaluza, apoyada por la de todo el país dijera a raíz de la construcción del AVE Madrid-Sevilla (o Sevilla- Madrid) con justificación en las inversiones de la Expo del 92. ¿Recuerdan? También entonces se sintieron escandalizados por el que entendían alto costo de una inversión que también pensaron entonces era innecesaria para nuestra tierra.
Todo cambia; pero nuestra derecha no. Nadie duda hoy de la tremenda importancia que aquella infraestructura tuvo para Sevilla, sí, y para el resto de Andalucía. Se trataba de apostar por el futuro de Andalucía y no por cualquier futuro, sino por el mejor posible, el que partía de la base de creer que las y los Andaluces éramos capaces de remontar tantos siglos de abandono y pobreza y colocarnos a la cabeza del mundo desarrollado. Y había que adoptar un conjunto de medidas de suma importancia, muchas de ellas relativas a las infraestructuras de nuestra tierra. Se les escapó el subconsciente y pidieron, de nuevo, para Andalucía el atraso. Fueron incapaces de creer que el pueblo Andaluz fuera capaz de superarse a sí mismo y simplemente no comprendieron que se apostara por nuestra tierra.
Hoy, con la oposición abierta a la construcción del tranvía ocurre otro tanto y queda reflejada sin duda alguna la visión que sobre Jaén viene manejando la derecha. El tranvía, como dice nuestra alcaldesa, no es el tranvía. Ellos saben mejor que nadie que el tranvía en una medida más (importante, sin duda) de un conjunto de medidas que tienen por objetivo hacer de Jaén una ciudad mejor, más cómoda, que favorezca el tránsito de las personas, una ciudad agradable y pensada para las y los ciudadanos. Porque las y los socialistas creemos en nuestra ciudad, que como capital de la provincia se merece estar a la altura de las demás capitales de provincia españolas y europeas. No hemos inventado el tranvía, por supuesto: está más que probada su virtualidad y las mejoras que su construcción acarrea tanto medioambientales, como para la ciudad en su conjunto: para quienes entran en ella todos los días y para quienes vivimos en ella. Todos encontraremos un medio público de desplazamiento que nos acerque la ciudad a nuestras necesidades. contaremos con una ciudad más limpia, paseable, habitable, y cercana, ya que podremos desplazarnos con mayor facilidad sin necesidad del vehículo y eludiendo los actuales atascos, el ruido y la polución. Un conjunto de medidas, en fin, que en todas las ciudades que se han puesto en práctica han favorecido, también al comercio de la ciudad.
No debemos olvidar que el Partido Popular sí apuesta por el tranvía en otras ciudades andaluzas y españolas (Incluidas las ciudades de Huelva y Almería). Es fácil, se trata de creer o no en Jaén, en sus potencialidades y en su futuro o, como pretenden desde el partido popular, dejar Jaén abandonada, una vez más al final de la cola. Es curioso encontrar hoy escandalizados a aquellos que, sin rubor alguno, prometieron un aeropuerto y un zoológico ¿No se merece Jaén una apuesta seria, verdadera y de futuro? ¿Por qué no? Se lo merece. Ya es hora de que se apueste por esta capital, porque esté a la altura de cualquier otra capital europea ¿o debemos volver a las políticas de la derecha, como las tristemente conocidas del Sr. Peragón, que crearon el caos circulatorio e hicieron el centro de la ciudad intransitable para las personas, una ciudad incómoda y que ha padecido un aumento exponencial de la polución? Ese es el legado que nos ha dejado el Partido Popular a cada ciudadano y a cada ciudadana durante sus años de gobierno. Esas son sus apuestas. Las nuestras son, afortunadamente, otras: las que creen en las personas, en que las ciudades pueden y deben ser habitables y amables, y en las que creen que Jaén es una capital andaluza con futuro, que se merece hacer por ella la misma apuesta, cuando menos, que se está exigiendo por todos (incluidos los miembros de la derecha) para otras ciudades andaluzas y españolas. Jaén existe y existirá y será una capital moderna para una gran provincia.
Nací en Zaragoza el 17 de marzo de 1.961. Soy licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. He ejercido la Abogacía desde 1.987. Me incorporé al PSOE DE JAÉN el 1 de octubre de 1.997.
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